EL ÍCONO

Igual que la roca venerada
Marchan las olas en la oscuridad. Los asfódelos
Y los narcisos y aquellas fantásticas
Visiones de los muertos van semejantes a las nubes y 
     los sueños

Avanzo por instinto ignorando qué día

Todo huele a noble madera vieja 
o animal humillado. Y sin duda
Debo de haber existido aquí en algún lugar; tan pronto 
Amanece os vuelvo a encontrar
Sagradas penas mías casas de ladrillo cubiertas de hierba 
          entre los limoneros
Arcos, galerías donde me detuve y canillas abiertas 
¿Dónde se habrá posado el ángel? ¿Qué habrá quedado? 
¿Ahora quién?

Semiapagado llego desde el lado de la ciudad
Como el ícono de una iglesia incendiada
Rojo de fuego y negro de demonio
Que se diluyen lentamente
                                   en la frescura de la mañana

Descascarada y hendida, con las palabras TE AMO 
     todavía visibles
¡La pared! ¡y aquel pasamanos de la escalera
Descolorido y por tantas palmas suaves que pasaron terso! 
Colmado de vejez y juventud subo nuevamente
Sabiendo dónde la vieja madera crujirá, cuándo
Me mirará desde el cuadro la tía Melissiní
Y si mañana lloverá

Quizás reivindico algo que me pertenece desde siempre 
Acaso simplemente un lugar en lo Venidero
Que es lo mismo; ropaje hecho de fuego frío
Verde de bronce y morado intenso de la Virgen

Permanezco de pie con la mano derecha sobre el corazón 
Detrás de mí dos o tres candelabros
La pequeña ventana cuadrada sobre la tormenta
El Más allá y el Futuro.