VERBO EL OSCURO

Pertenezco a otra lengua, lamentablemente, y al Sol 
     Oculto de modo
Que los que no están al tanto de los cielos me ignoran. 
     Imperceptible
Como un ángel sobre la tumba toco en la trompeta 
     blancos lienzos
Que se golpean en el aire y se vuelven a golpear
Para mostrar algo, quizás, mis fieras saciadas hasta que 
     finalmente
Queda un pájaro marino huérfano sobre las olas

Tal como ocurrió. Pero me cansé de estar tantos años 
     suspendido en el aire
y necesito esa tierra que permanece cerrada y clausurada 
Cerrojos puertas rumores secretos campanillas; nada. ¡Ah 
Habladme de cosas creíbles! Muchachas que aparecisteis 
     de vez en cuando
Desde adentro de mi pecho y vosotras viejas casas de 
     campo
Canillas que olvidasteis abiertas en jardines adormecidos 
¡Habladme! Necesito esa tierra
Que permanece cerrada y clausurada

Igual que yo, acostumbrado a abreviar la iota y 
     alargar la ómicron

Ahora invento un verbo; como el ladrón la ganzúa
Un verbo en ago o alo o evo
Algo que te oscurezca de un lado hasta
Que aparezca el otro. Un verbo con escasas vocales pero 
Con muchas consonantes totalmente oxidadas kappa o 
     thita o taf
Compradas a precios ventajosos en los depósitos del
     Hades
Pues desde esos lugares te deslizas
Más fácilmente aterrorizando como el fantasma de Darío a 
          los vivos y los muertos

Aquí que se escuche música grave, y que las montañas se 
Desplacen ligeramente. Es hora de probar la llave. Digo: 
          k a t a r k y t h m e v o
Aparece disfrazada de primavera una extraña ferocidad 
Con rocas cortantes y matas espinosas por todas partes 
Luego valles perforados por Zeus y Hermes
Al final un mar mudo como el Asia
Repleto de algas sesgadas y pestañas de Circe

Así que, lo que llamábamos "cielo" no lo es; "amor" no;
          "eterno" no. Las
Cosas no responden a sus nombres. Las dalias se cultivan 
          más cerca
Del crimen, y el tardo cazador regresa del mundo
Con presas del éter, y siempre –ay– es temprano. Ah 
Nunca sospechamos cuán socavada de divinidad está
La tierra; qué oro de rosa eterna necesita para compensar 
El vacío que dejamos, rehenes todos de otra dimensión 
Que la sombra de la mente nos esconde. Dejemos eso

Amigo tú que escuchas, ¿escuchas la fragancia de los 
     citros
Las campanas lejanas? ¿Conoces los rincones del jardín 
     donde
El aire del ocaso deposita al recién nacido? ¿Soñaste 
Alguna vez recorrer un verano inmenso
Ignorando a las Erinias? No. Por eso katarkythmevo
Que los pesados cerrojos cedan rechinando y se abran 
          las grandes puertas
Por un instante a la luz del Sol Oculto revelando nuestra 
          tercera naturaleza
Hay continuidad. Yo no la diré. Nadie acepta nada 
     gratuitamente
O te pierdes en el viento maligno o sigue la calma

Esto en mi propia lengua. Y otras otros en otras. Pero
La verdad sólo se entrega ante la muerte.