Entrevista

María Rosa Lojo, escritora argentina: En la plenitud creativa

“Mi desafío personal consiste en transformar la historia en poesía”

Historia argentina y latinoamericana

-¿Cuál es, esencialmente, su fuente de inspiración para sus trabajos literarios?
 
-Para mi narrativa, la historia argentina y latinoamericana. Tal vez por ser hija de españoles exiliados (mi padre era un gallego republicano que llegó a la Argentina luego de la Guerra Civil), sentí con mayor fuerza la necesidad de "echar raíces" en mi suelo de nacimiento, y por lo tanto, de comprender su historia compleja y fascinante: la conquista, el mestizaje, los posteriores cruces étnicos en nuestro país fuertemente inmigratorio, los debates ideológicos y políticos (quizá el más importante sea el de civilización/barbarie, que se prolonga hasta nuestros días), la violencia interna (el feroz "cainismo") que lo cruza todo: desde la trágica primera fundación de Buenos Aires, donde --como dijo el poeta Centenera-- se llegó a comer "la asadura del hermano", hasta los años recientes de la guerrilla y el terrorismo de Estado.   
Aristóteles dijo que la poesía es más filosófica que la historia. Yo siento que mi desafío personal consiste en transformar la historia en poesía, donde el hecho singular e irrepetible pueda proyectarse como símbolo.

 
-¿Cuál considera que es su propuesta literaria más lograda? ¿Por qué?

-Es una pregunta muy difícil de contestar. Creo que todas y ninguna. Todas, porque en cada una se plasma una visión interior de forma insustituible y especial. Ninguna, porque forman parte de una obra abierta y necesariamente incompleta que se va dibujando libro a libro.

-¿Son reales o ficticios los personajes de sus obras?

-Las dos cosas. Al lado de personajes históricos aparecen, interactuando con ellos, otros completamente imaginarios. Por ejemplo, en La princesa federal, el narrador, Gabriel Victorica, no tiene un correlato histórico, aunque la familia Victorica sí existió y desempeñó, por cierto, un papel importante en la política argentina a partir de Rosas. En Una mujer de fin de siglo, si bien su heroína, Eduarda Mansilla, fue una escritora de nuestro siglo XIX, otras dos figuras que detentan una función importante en la novela (Judith Miller, y Alice Frinet) nunca existieron más que en ese relato. De todos modos, cualquier personaje, histórico o no, es ficticio en el universo de la ficción. La Manuela Rosas o la Eduarda Mansilla de mis novelas pertenecen ante todo a esas novelas y no a la Historia de la que formaron parte; están construidas por una personal visión estética.  

-¿Cuál es la esencia de los "amores insólitos" en su último libro publicado?

-Aunque todos los amores son "insólitos", únicos y singularísimos para quien los vive apasionadamente, hay algunos más insólitos que otros. Aquellos donde el desnivel entre los seres unidos por la relación amorosa, es mayor. Donde existen especiales diferencias y asimetrías  --de etnia, de cultura, de religión, de ideología, de temperamento, de clase social-- y por lo tanto, resultan más conflictivos, escandalosos o inasimilables. Algo así como la distancia que existe entre las metáforas "clásicas" (donde son más obvias las afinidades y las proximidades) y las metáforas "vanguardistas" (donde resaltan las distancias, el riesgo de la comparación efectuada). Sociedades como las nuestras se construyeron a partir de raras alianzas, de cruces insólitos. En mi libro aparecen estas experiencias: desde el mestizaje inicial, a las uniones traídas por la guerra de fronteras (en particular con los ranqueles de origen araucano); desde los "gringos" motejados de "herejes", que se enamoran de criollas y sufren una "discriminación racial" inversa a la acostumbrada, hasta un criollo de familia antigua que --como el tucumano Gabriel Iturri- termina sus días en Francia, donde puede vivir libremente su homosexualidad y sus veleidades artísticas, y perdura, más allá de la muerte, transfigurado en personaje de Marcel Proust.    

-¿Son las relaciones humanas la mayor preocupación en su trabajo literario?

-Supongo que sí. El drama humano es la materia por excelencia de la literatura, y en particular, de la novela. Una ficción que no se ocupara del mundo social y cultural, de la relación con nuestros semejantes, perdería todo interés.

-¿En qué consiste su trabajo de investigadora en la Universidad de Buenos Aires?

-Soy investigadora del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) con sede en el Instituto de Literatura Argentina "Ricardo Rojas", de la Universidad de Buenos Aires. Me dedico desde hace años al estudio de la literatura y la cultura argentinas, desde la fundación de la nación hasta nuestros días. Trabajo sobre un amplio arco temático, con especial referencia al debate civilización/ barbarie, y también, sobre todo en los últimos tiempos, a la obra (ignorada) de escritoras del siglo XIX, y del XX (por ejemplo la de Estela Canto, que fue por derecho propio una magnífica narradora, y no sólo "la novia de Borges"). Mi tesis de doctorado se ocupó de la narrativa de Ernesto Sábato, y actualmente coordino la edición crítica de Sobre héroes y tumbas para la Colección Archivos, de la UNESCO.

-¿Existe en su país, en la actualidad, una verdadera crítica literaria?

-Hay una actividad crítica importante en el ámbito académico (configurado por las universidades y el Consejo de Investigaciones), pero que llega sólo a un circuito especializado. Cada vez queda menos espacio para la crítica que se ejerce en la prensa gráfica, y que tanta gravitación tiene para difundir la literatura entre el gran público. Creo que eso es alarmante, porque la crítica de los buenos diarios y revistas de circulación masiva, contribuyó fuertemente a estimular la lectura y a formar lectores. Hay críticos formados, y muchos de ellos escriben en los suplementos culturales, además de actuar en el medio universitario, pero no existen suficientes canales para ejercer esa práctica crítica. Tal vez un camino alternativo sea la creciente aparición de revistas literarias en Internet, que van ganando cada vez más lectores. 

-¿Qué experiencia le significó haber participado en la VI Feria Internacional del Libro, en La Paz, Bolivia?

-Debatir cuestiones de periodismo, literatura y sociedad, en países latinoamericanos, siempre me deja una sensación agridulce. Por un lado, la fuerte empatía, el reconocimiento de uno mismo en el espejo de los semejantes; dentro de las diferencias, compartimos una comunidad histórica y cultural, y esa sensación es intensa y conmovedora. Pero por otro lado, resulta inevitable la melancolía al palpar que compartimos también los mismos problemas: una globalización asimétrica donde somos el elemento más débil, pobreza endémica de grandes sectores sociales, etnias marginadas en pugna por una reivindicación de sus derechos, etc, etc.... De un modo u otro, el contacto con los colegas es muy enriquecedor y nos permite saltar límites de frontera que son mucho más férreos de lo que se cree. Parece mentira, pero aunque uno logre publicar en editoriales grandes, con sucursales en diversos países de Latinoamérica, esa producción casi no circula fuera del país de origen, no se distribuye en las "repúblicas hermanas". Viajes como éstos nos dan la oportunidad de conocernos mejor y subsanar esos vacíos. Además, este encuentro estuvo rodeado por un escenario de privilegio. La Paz es de una belleza cautivante, donde confluyen cielo y montañas, entrañables paisajes humanos, la más audaz arquitectura postmoderna, y el sustrato colonial hispano-indígena, con verdaderas joyas como la iglesia de San Francisco.

-¿Planes académicos? ¿Una próxima obra literaria? ¿Proyección Personal?

-Siempre tengo varios proyectos entre manos. ¿Cómo vivir, si no? En lo académico, seguir con mis trabajos de investigación (donde se incluye la reedición de parte de la obra de Eduarda Mansilla). En lo literario, por lo menos dos libros con los que sueño: otro tomo de cuentos que se titularía Historias milagrosas del Río de la Plata, donde pienso ocuparme de nuestros "santos populares", casi todos ellos heterodoxos (no reconocidos por la iglesia), y con vidas de santidad dudosa para los parámetros moralistas (buena parte de ellos, por ejemplo, son gauchos perseguidos por la justicia, o curanderas que participan de dos mundos, el indígena y el cristiano). La cultura popular (sobre todo en su aspecto de devoción) es un tema relegado casi exclusivamente al ámbito antropológico, y que ha sido muy poco tratado por la llamada literatura culta: a mí me interesa mucho, y creo que es hora de hacer algo...

También tengo en elaboración una novela de largo aliento, que se sitúa en la frontera argentina cristiano-ranquel del siglo XIX, y que se ocupa de problemas como el cautiverio, el mestizaje, la usurpación de la identidad. Creo que con este libro cerraría un círculo iniciado con La pasión de los nómades (1994) mi novela sobre Lucio V. Mansilla, el autor de Una excursión a los indios ranqueles quien instaló otra mirada literaria posible sobre el mundo aborigen.

Publicado inicialmente en
http://www.geocities.com/candilejaschile/septiembre/entrevista/
Septiembre de 2001