Aperturas

      Las casas del verano se van abriendo con un golpe de madera fragante, como si fueran nuevas. Un crucifijo de pan sale de las ventanas volcadas hacia el día, y los amaneceres contenidos desbordan en el agua que corre bajo las puertas.
      
      Se abren las bocas que hablan y las manos que aferran y los ojos que adhieren a la luz. Se abren las comunicaciones demoradas y los códices de voces extranjeras. Se abre la duda exploradora y la contradicción que hace chocar las cosas para que salten y den luz sus destellos.

      Las calles se derraman y resplandecen como cintas de mercurio y los pies se desmadran de sus cauces estrechos. Los secretos ocultos pierden su ambiguo encanto y el don de lenguas incendia las cabezas para que se pronuncien los amores negados, para que todo lo opaco se transparente.