Curioso destino
Tenías que perderte en los laberintos de la tierra por donde pasan los ángeles vestidos de bandoleros y toman de rehenes las almas descuidadas. Era ése tu curioso destino, escrito en una postdata del gran Libro en el que Dios anota las cuentas menudas con sus infieles.
Tu ángel de la guarda te ató de las muñecas con un encantamiento diferido. Por eso estás, en mitad de la vida, practicando espejismos solitarios con los reflejos de la luz, para ver si la cara del Dios en quien no crees aparece algún día entre el ramaje del bosque.