Desaparición de los hombres en
TeotihuacánUna ciudad desierta tiene una avenida que llegaba a la Luna, impulsada por vientos planetarios que soplan del revés, atrayendo al caminante en remolino. La Luna era entonces una mujer de hermosos pechos, con brazos y piernas dispersos que se ajustaban a placer sobre el calendario giratorio del mundo.
Cuando los hombres se cansaron de vivir subieron a la pirámide donde la Luna se sentaba a mirar los peregrinos. Ella tuvo piedad, e hizo sonar los caracoles de templos sumergidos para que vinieran las lluvias. Los hombres se fueron disolviendo como terrones de greda. Se deshicieron los cuerpos y las vestiduras, las normas y los cánones. Se enmohecieron las armas de los guerreros y se borraron las pinturas que intentaban copiar la cara de los dioses.
Ahora sólo los muertos siguen desfilando sobre la avenida central, llevados por el viento hacia la Luna ausente.