Humahuaca
El silencio más grande del mundo está dividido en franjas de color de altura desmedida y un brillo perseverante que anonada las palabras y la música.
Tiene el peso y la dureza de lo que permanece, y acaso es más piadoso que el silencio de Dios porque al menos condesciende en hacerse visible a las generaciones de los hombres.
Las voces se estrellan contra el muro resplandeciente que devuelve los signos sin abrir y las súplicas sin responder, hasta que se disipan.
Los gritos de guerra y el galope de los perseguidos y el látigo de los encomenderos han pasado en vano a lo largo de esa garganta que no puede contar, que no puede cantar, que es igual a sí misma, invulnerable, y no dará jamás ni amor ni testimonio.