Lentes de contacto

      Las lentes de contacto han apresado todo el día las cosas lejanas. Pulpos redondos adhieren a la redondez de la pupila apretándolo todo en su esfera minúscula.

      La noche toma ese mundo entre los dedos índice y pulgar, lo limpia y lo abandona flotante en el líquido de un estuche, preservado del tiempo y de toda usura, hasta que la mañana lo coloca de nuevo sobre el ojo en desgaste.