Líneas
En una de las líneas de tu mano hay un puente que desemboca en el mar; en otra, una balaustrada trunca que se abre en el jardín hacia ninguna parte. Entre el jardín y el mar, esa ciudad donde estás.
Allí los cielos tienen la costumbre tranquila del sol y de las lluvias y un techo nocturno te protege de las estrellas implacables. Pero alguien mata y alguien muere, los trenes se detienen en la mitad de su camino y visitantes desconocidos escarban en los desechos de las grandes casas blancas, antes de que en la luz se reconozca el mundo.
Cuando vas a acostarte cierras la mano como si astillaras vidrio y la ciudad entera se despeña en el mar y tu sombra se cuelga de la balaustrada oscura, soñando en algún lugar para vivir.