Los que dejaron de andar
La tierra sueña con los pies de los pueblos que sólo sabían andar, en busca de la sal. Los vientos del Sur, del Norte, los cambios de los solsticios, los llevaban de un lado a otro como semillas, hasta que florecían en lugares extraños y abruptos. Al pie de la cordillera o en las pampas del salitre lloraban de pronto, como apariciones curiosas y patéticas, cabecitas humanas acabadas de nacer.
La tierra sueña con los pies de los grandes corredores que adelantaban al sol en su camino con invisibles alas de avestruz. La tierra añora la repetición de las danzas y su alegría seca como un golpe de trueno. Pero ya no hace conocer su voluntad y calla sus opiniones secretas. Sólo se levanta una noche por siglo, y baila hasta el amanecer con su capa deslumbrante de sales duras y de huesos iluminados, donde ríen las bocas de los que dejaron de andar.