Museos de palacio

      Los palacios acumulan objetos ciegos que resplandecen detrás de las vitrinas, clavicordios y violoncellos destinados a enmudecer mientras los roe una polilla imperceptible. Por la corteza de una luz que amortaja resbalan ojos extranjeros. Miran sin amor las vastas habitaciones inhumanas y las carrozas varadas, y las caras de bellezas desaparecidas. Recogen los fragmentos de un mundo inmóvil y obediente, puesto en orden didáctico.

      Los guardias de los restos pasean por los corredores prohibiendo fotografías porque el resplandor carcome las materias antiguas que un días serán polvo como los huesos de sus artesanos. Los pequeños artífices que han perdido sus nombres bajo el sello de los maestros y sus manos en las fosas de los cementerios.

      Pero vuelven en las madrugadas con sierras y con buriles, con punzones y con cinceles. La luna les confiere poderes de disolución. Destruyen y desarman, recrean y reintegran,convierten en inmensos talleres las salas muertas que el día cubre su tarea nocturna, y el temblor de la anarquía y el brote del crecimiento.