VI
LA FUENTE DE SANGRE
A veces siento mi sangre correr en oleadas, lo mismo que una fuente de rítmicos sollozos; la oigo correr en largos murmullos, pero en vano me palpo para encontrar la herida. A través de la ciudad, como un campo cerrado, va transformando las piedras en islotes, saciando la sed de cada criatura, y coloreando en rojo toda la natura. A menudo he pedido a estos vinos aplacar por un solo día el terror que me roe; el vino torna el mirar más claro y más fino el oído. He buscado en el amor un sueño de olvido; mas para mí el amor es un lecho punzante, hecho para dar de beber a esas putas crueles.