Atavismo

El cuerpo tiene resonancias,
frutos de olvido y reconocimiento
en el exilio de su eje.

No vemos la luz;
es ella que nos ve
y nos señala con ávidos dedos,
nudillos de viento
que palpan nuestros ojos
y laten al compás
de mundos
que se desvanecen.

Las resonancias tienen cuerpo:
sólo así se justifica
el oleaje
que anima a la materia,
el brazo que se levanta
por encima de la cabeza
imitando el gesto atávico,
cientos de fantasmas
acumulados
en el brocal de la voz.