Atavismo
El cuerpo tiene resonancias, frutos de olvido y reconocimiento en el exilio de su eje. No vemos la luz; es ella que nos ve y nos señala con ávidos dedos, nudillos de viento que palpan nuestros ojos y laten al compás de mundos que se desvanecen. Las resonancias tienen cuerpo: sólo así se justifica el oleaje que anima a la materia, el brazo que se levanta por encima de la cabeza imitando el gesto atávico, cientos de fantasmas acumulados en el brocal de la voz.