El baile

La mano se detuvo en la cintura
antes de trepar hasta su hombro,
y ya nada será igual en adelante;
hay en el hombro un gesto estéril
y en la cintura turbación y goce,
una cifra cuyo eco consiente
a entrar en un silencio lujoso
repleto de libros de viajes
        extraordinarios.

La sensación de haber estado
       en su centro,
en su precisa cavidad,
hace de ella una frágil corona,
una realidad que se sostiene
       con su sola ausencia.

Por un instante la mano
tuvo conciencia de su enjundia
y nunca más le temerá al fracaso:
aunque la cintura ya esté enlazada
       por otra mano,
y la música suene sin rumbo,
lejos de la fusión perfecta.