El baile
La mano se detuvo en la cintura antes de trepar hasta su hombro, y ya nada será igual en adelante; hay en el hombro un gesto estéril y en la cintura turbación y goce, una cifra cuyo eco consiente a entrar en un silencio lujoso repleto de libros de viajes extraordinarios. La sensación de haber estado en su centro, en su precisa cavidad, hace de ella una frágil corona, una realidad que se sostiene con su sola ausencia. Por un instante la mano tuvo conciencia de su enjundia y nunca más le temerá al fracaso: aunque la cintura ya esté enlazada por otra mano, y la música suene sin rumbo, lejos de la fusión perfecta.