El desamor
1
Nunca deja de amar.
Nos sea cosentida la entrega
hasta la degradación.

Amar hasta el hueso,
la nervadura del alma.
2
Se nos conceda el temblor
        del náufrago.

Nos sea permitido el privilegio
de describir sólo regiones imposibles.
3
Lo que más extraña
el árbol viejo
es el verde trino,
el sobresalto.

Es que los pájaros
eligen siempre
las ramas más tupidas.
4
Aquí -¿ves?-, un día
se detuvo ella a pensar en ti.

De sus poros brotaba tu nombre como un rezo,
murmullos de ángeles se trenzaban en el aire.

(Ningún atisbo hoy.
Un croar de ranas a lo lejos.)
5
Abrió al mismo tiempo
las puertas del cielo y del infierno.

De infiernos y de cielos
nadie sabe más que el árbol viejo.
6
Porque vemos
a los que amamos
con la desmesura
de nuestros propios sueños.

Por eso
hay tantos
enanos
gigantescos.
7
En otra vida debes haber sido un perro.

¿De dónde si no esa costumbre
de andar lamiendo heridas?
8
Sólo un sueño roto
podría alborotar tanto a la muerte.
La muerte se alimenta de eso,
únicamente.

Ella goza
con la inocente fisura del amor.
9
¡Haber amado tanto,
y crecido sólo
en la necesidad de ser amado!
10
Sólo el miedo te salva de la muerte.

Y es una muerte lenta,
como los restos de brasa del asado.
11
¡Olvido, olvido!
¡Conoces bien
tu oficio de gusano!