Estirpe

Vengo de una estirpe
cuyo emblema es el aire y la lluvia,
pura intemperie mi linaje:
cuidador de humos,
caja de resonancias del rocío.
Aclaro pues
que ningún bolsillo de antepasado mío
mereció otra cosa
que el azar de un hueco insospechado.

Yo quise ser más previsor
y con los años
fui acumulando unas reliquias.
Paso a enumerar:
oro no tengo, pero pude guardar
mechones dorados de cabellos
de cada uno de mis hijos;
tampoco dinero, sí varias fotos:
de la Tebaldi en el rol de Aída
haciendo pareja con Del Mónaco;
un pasaporte fechado en Sicilia
              (1950)
mostrando una mujer y en escalera:
cinco caras aleladas,
cinco antiguos medallones
con cierto aire familiar;
la primera cédula,
varios diplomas que atestiguan
que alguien leyó alguna vez mis libros,
una pluma de plata,
dos peinetas de la abuela,
la cruz de hierro, y el reloj
regalos de Don Saru poco antes de su muerte.
Hay mucho más, pero con lo enunciado alcanza,
todo lo cual conforma un tesoro inestimable
que ni a un banco con historia confiaría.
Lo guardo cerca de mi cama,
de cara a cada uno de mis sueños.