Estirpe
Vengo de una estirpe cuyo emblema es el aire y la lluvia, pura intemperie mi linaje: cuidador de humos, caja de resonancias del rocío. Aclaro pues que ningún bolsillo de antepasado mío mereció otra cosa que el azar de un hueco insospechado. Yo quise ser más previsor y con los años fui acumulando unas reliquias. Paso a enumerar: oro no tengo, pero pude guardar mechones dorados de cabellos de cada uno de mis hijos; tampoco dinero, sí varias fotos: de la Tebaldi en el rol de Aída haciendo pareja con Del Mónaco; un pasaporte fechado en Sicilia (1950) mostrando una mujer y en escalera: cinco caras aleladas, cinco antiguos medallones con cierto aire familiar; la primera cédula, varios diplomas que atestiguan que alguien leyó alguna vez mis libros, una pluma de plata, dos peinetas de la abuela, la cruz de hierro, y el reloj regalos de Don Saru poco antes de su muerte. Hay mucho más, pero con lo enunciado alcanza, todo lo cual conforma un tesoro inestimable que ni a un banco con historia confiaría. Lo guardo cerca de mi cama, de cara a cada uno de mis sueños.