Legado

A Carlos Alberto Débole
Desde qué zona etérea,
qué espacio espléndido
piensas en mí y me envías
divinos emisarios, sones
de un pequeño estuche
donde sólo cabe
       -delicada-
la perfecta simetría de la dicha.

Dádiva
       -espejismo acaso-,
sonrisas caen sobre mí
en celestial llovizna:
       tu bautismo.

A perpetuarte me llamas:
ya siento en mí tu propio estupor;
tomo la media vida que me das
       -la más pura-
como el don que no esperaba ya.

Dulce carga me entregas.