Lingua
Creces (incierta vocación), árbol (indicio de árbol), creces hierba mía, memoria que titila en asomos nunca descubiertos; descorrido tu velo muestras la llama, el humo allá en el hosco fondo: salto en bajo, a tu extrema sombra me recuesto. ¡Ay! ¿Pero cuál la mía? ¿Aquella que del dolce stil signara amor y desventura, o la que desde su lanza tejía el flaco caballero contra molinos de viento? Ambas me ciñen, mi estigma de-limitan, hincan su diente en las dos mitades de mi aliento, hasta no saber de dónde cuándo cómo fui/ seré. ¿Cuál la mía? Porque ambas tironean, me disputan, hacen de mí un lento balbuceo, un ciego equilibrio al filo del abismo. Hablo de encuentros con un yo huido, caída de piedras, hierba endurecida, a un signo me refiero -al tiempo- de la eternidad venido, al movimiento ondulatorio de palabra contra palabra, de ojo contra ojo. (Ojos ciegos al mundo Augen im Sterbegeiküft: no leáis, caminad. Cuidado con caer en las hendiduras del morir; la noche no necesita estrellas, nadie te necesita. Gnessulògo: el ser en fuga, cicatrices talladas en el bosque del espacio.) Se alza la eternidad llena de ojos, la obsesión de otra cosa que lo visible es occhio accecato, excepto la del combate solitario abierto en el umbral del sueño, ojo extranjero ya para la eternidad. (Muda mirada de piedra del extranjero errante, voces de miradas en el coro -hay un coro- -afuera hay un coro-.) De oscuridad en oscuridad ruedo hacia la noche, hacia lo externo de mí -hacia lo interno-, hacia la luz ajena a mi otra oscuridad. Nacht, sobre ti caen cenizas, la aridez de la piedra, piadosa, umile ancella que excava en el aire una tumba para evitar la opresión, huyendo del no-país del no-tiempo: tiempo suspendido sobre alas efímeras lejos, pero atento al llamado de las trompetas del ser. (¿No ser, un modo de ser?) Abominable forma sin peso el cuerpo: déjalo errar, sobre él caigan las últimas estrellas del abismo, que perezca en las duras excrecencias del corazón, una medesima lingua pria mi morse, si che mi tinse l'una e l'altra guancia, e poi la medicina mi riporse: ambas me ciñen, somos carne y noche juntas siempre en la caída, ambas extranjeras, vorágine de mi yo vorágine, viento que nace y agota en mi boca su ajenidad: dos silencios que llenan mi boca. Yo no soy una estrella, la noche no me necesita: una estrella es fe en la luz; yo no soy una estrella, he sido derrotado demasiadas veces, la humillación ha bajado sobre mí como una ovación frenética, y caí, y caído quedé como quien no conoce otra posición, y ando por el mundo como si no fuese el derrotado, como si las derrotas no existieran, como si sólo hubiese derrotas en la vida. La noche no me necesita, yo soy la noche: noche contra noche escribir el poema sin fin, el poema de Nada, el poema que denuncie la fragilidad del exilio, la fragilidad de die Nichts: un trozo de pan entre los dientes, el mismo trozo de pan entre los dientes. No es cierto que he vivido: mi muerte ha vivido dando tumbos en el aire, rebotando entre cielo y tierra, sin cielo ni tierra, solo aire y vacío -vuoto contro vuoto-. ¿Por cuál río qué llanto me llevan? ¿Quién se apiada de mí cuando el alba asoma silenciosa desde un punto ritual del infinito? (Acaso me reclaman -moneda prestada, no restituida, quizás sin valor para nadie más que para las dos hembras ciegas que en la noche lamen mis heridas, bajo el signo de una ininterrumpida fascinación-.) Después de la noche ¿habrá otra noche, el más allá de la noche, In der Jenseitskaue? Hacia ella voy para responder a tiempo si es que reclamo hubiese. En tanto, me muevo en el espacio -fuera del espacio- donde las hendiduras del morir fulguran siempre una luz que llega de la noche -luz que no ilumina- y hacia la noche va. Verso le fessure del morire muoversi, moverse, mientras tanto, hacia Gnessulógo. ¿Quién me reclamará primero? La muerte es un maestro que llega siempre a destiempo. Cuando todavía no aprendimos la lección. La lección de lenguas. ¿En que idioma me hablará? Cuando la palabra me dé sombra yo no tendré sombra para darle. Llega la palabra. Surge (voz de-mente), navega sobre mares y montañas, en largas conversaciones se detiene; seres y cosas conmociónanse, inician desarticulados duelos, huyen dentro de cuadrados insuficientes. Baja hasta la raíz del alma, a descubrir ancestros, animales prehistóricos, sutiles cuerpos de escritura. Surge (con su larga sombra), nos tiende la mano, de lo invisible nos lleva a otra invisibilidad, hacia afuera siempre -hacia adentro-, hacia la eternidad del ser.