Nacimiento
Recibió la vida primero como un golpe seco, después como un fuego que ardía dentro (o fuera) de él; más tarde -poco a poco- se fue haciendo caricia, arrullo, música que creía haber oído ya en otro lugar, en otra vida, cuando era una voz sin cuerpo y la memoria un camino hacia adelante. Nadie le había hablado todavía de ventanas que dan a una puerta, de mujeres que se hamacan como canoas en el amarradero y destejen su trama de ensueño sobre falsas paredes. Lo descubrió solo, una noche, ante la página en blanco, su mano derecha dudando -esquiva-, rozando palabras distantes: mientras llegaba el poema y él se resumía -puro tiempo-, luz y sombra de una gota de agua.