Nacimiento

Recibió la vida primero
como un golpe seco,
después como un fuego
que ardía
dentro (o fuera) de él;
más tarde
         -poco a poco-
se fue haciendo caricia,
arrullo, música
que creía haber oído ya
en otro lugar,
                en otra vida,
cuando era una voz sin cuerpo
y la memoria
un camino hacia adelante.

Nadie le había hablado todavía
de ventanas que dan a una puerta,
de mujeres que se hamacan
como canoas en el amarradero
y destejen su trama de ensueño
sobre falsas paredes.

Lo descubrió solo,
una noche,
ante la página en blanco,
su mano derecha dudando
-esquiva-,
rozando palabras distantes:
mientras llegaba el poema
y él se resumía
-puro tiempo-,
luz y sombra de una gota de agua.