Ritorna vincitor...

Y siempre entre ella y yo
    los devaneos,
como demonios de espuma
huyendo de la pereza
con sigilo de gatos.
No hay más país que éste,
donde húmedas ramas
se pierden
entre flores secretas,
y vinos ardientes
esparcen su resplandor
sobre la almohada:
su cabellera
-pura marejada del exceso,
inconfesable imagen de la arena
       chorreante,
como lluvia de vientre profuso
que se desfonda en hoja,
en lágrima, en música-.
Y es como entrar a un cuarto del cielo,
en medio de una orquesta
que arroja sus bronces
contra la corteza del viento;
y ella que lanza su grito intrépido,
me grita a mí como desde las gradas:
"Ritorna vincitor… "