Una palabra nueva
No hay quien se siente a esperar una palabra nueva, sale a buscarla desesperadamente en los jardines, entre las hojas de la última tormenta (las tormentas suelen barrer con todo, hasta las palabras nuevas corren el riesgo de ser arrinconadas contra los tachos de basura, hasta los tachos de basura peligran en su intimidad de desecho.) Se busca una palabra nueva que nadie nunca haya pronunciado, que sólo una niña puede guardar secretamente en su corpiño (la niña no suelta su secreto, nadie llega a su corpiño impunemente, quien llega a su corpiño es raro que llegue a su secreto). Sólo las niñas y las tormentas saben palabras nuevas. Las niñas les temen a las tormentas. Las tormentas levantan las blusas de las niñas, llegan impunemente a sus corpiños (sólo las tormentas llegan impunemente a los corpiños de las niñas, Sólo las tormentas llegan a sus secretos.) Uno se sienta a esperar la próxima tormenta. Las tormentas pasan. Las niñas se agotan a muy temprana edad. Uno se vuelve viejo buscando una palabra nueva.