Extravío
Aún no sabe decir su nombre y la han mandado (a lo de Rabachino, a comprar harina, azúcar negra, polvo de hornear). Si lo hace bien, le darán (caramelos, estampitas, besos). En el bar hay olor a hombres, y a vino viejo. También un piso flojo de madera, y ya está el miedo de pisar en falso. Lleva un papel escrito (en el hueco de la mano lleva la letra de su madre). Le han ordenado: No te pierdas, y va mirándose los pies, cuenta los pasos. Cree (...pero es una intuición oscura) que quien se mira los pies no se extravía. Cuenta los pasos (y después las sílabas, los cuentos, las monedas), con los ojos fijos en los zapatos, pero lo mismo se pierde en el recuento.