Extravío

Aún no sabe decir 
su nombre y la han mandado 
(a lo de Rabachino,
a comprar harina, azúcar 
negra, polvo de hornear).
 
Si lo hace bien, 
le darán 
(caramelos, estampitas, 
besos). 

En el bar hay olor 
a hombres, y a vino viejo. 
             También un piso 
flojo de madera, 
             y ya está el miedo 
de pisar en falso. 

Lleva un papel escrito
(en el hueco de la mano 
lleva la letra de su madre). 

Le han ordenado:
No te pierdas, y va mirándose 
los pies, cuenta 
los pasos.  

Cree  
(...pero es una intuición 
oscura) que quien se mira 
los pies no se extravía. 

Cuenta los pasos 
(y después las sílabas, 
los cuentos, las monedas), 
con los ojos fijos en los zapatos, 
pero lo mismo se pierde 
en el recuento.