ELLA, LA DE SAL Y ESPANTO
Buscó palabras húmedas de rocío y madrugadas y encontró solo piedras pardas, fetiches de la niña solitaria. Buscó la voz de ese lirio que a pesar, crece entre rocas y no escuchó otra cosa que los gritos angustiosos del pájaro de los sueños. Buscó aromas que rescataran sus sentidos avivando los restos de las viejas hogueras y encontró la acritud amarga de un aire crepuscular e incierto. Buscó la música del viento que canta enamorado de las ramas altas y tapó con las manos sus oídos ensordecidos de derrumbes. Lot siguió adelante. Ella, la de sal y espanto, quedó en medio de la crueldad del sol y del desierto.