ELLA, LA DE SAL Y ESPANTO

Buscó  palabras
húmedas  de rocío y madrugadas
y encontró solo  piedras pardas,
fetiches de la niña solitaria.

Buscó la voz de ese lirio
que a pesar, crece entre rocas
y no escuchó otra cosa que los gritos angustiosos
del pájaro de los sueños.

Buscó aromas que rescataran sus sentidos
avivando los restos de las viejas hogueras
y  encontró la acritud  amarga
de un aire crepuscular e incierto.

Buscó la música del viento que canta
enamorado de las ramas altas
y tapó con las manos  sus oídos
ensordecidos de derrumbes.
Lot siguió adelante.
Ella, la de sal y espanto,
quedó en medio de la crueldad  del sol
y del desierto.