FUGA
En aquella esquina de la Rue Duphot, un soldado cae de una bolsa de papel y acribilla a una bailarina. El muchacho que cruza la calle, al verlos, improvisa una mesa trabando unos cartones. Saca de su bolsillo un lienzo blanco y desparramando algo lo vende a voces. Una señora vestida de azul y con pamela, borracha con vin rouge a media tarde se bambolea en un compás de zigzagueos. El ruido de la metralla y la música apenas dejan escuchar el te amo de pringoso carmín que dibuja con delirio la señora en el cristal de la caseta de teléfono. Esta floreció coherente en Abril. Dentro de ella, descifro la incongruente Babel, entro por el auricular y me fugo por el hilo.