PRESENCIAS

En aquel cuarto
el impulso de su respiración
era la unidad
de presencias extrañas.

Un negro desnudo
al que le volaron la mitad de la cabeza
la hechicera tenebrosa
y aquella esfera de cristal
llena de tierra.

Porque si,
llegaron uno a uno,
acomodándose para siempre,
en el sesgo de todos los días.
Bella, la  esfera de cristal.