PRESENCIAS
En aquel cuarto el impulso de su respiración era la unidad de presencias extrañas. Un negro desnudo al que le volaron la mitad de la cabeza la hechicera tenebrosa y aquella esfera de cristal llena de tierra. Porque si, llegaron uno a uno, acomodándose para siempre, en el sesgo de todos los días. Bella, la esfera de cristal.