BANGKOK

Veloz
Desde el caparazón
De metal desvencijado,
El viejo tuk-tuk
Nos ofrece una gran ola
De especias y música
      De claxons atonal.

Mientras saboreamos
La estridente mixtura,
Los peatones hacen festín
De las aceras:
Arrozverde, tallarineshumo, sojasfalto.

Después, al diluirnos en sus calles
La desvelamos. Descubrimos
La oculta diosa liberada por las aguas
Que besan los pies de los dorados templos,
Y salpican mercadillos de color
      en los embarcaderos.

Tras el vuelo silencioso de las barcazas
Rebosantes de pasajeros, callada
Declina ya la tarde.

De vez en cuando la sirena suena
Y su eco se toma hierático
Al confundirse en el murmullo
De algún rezo