BENARÉS
Aunque penetres lentamente, Al principio no sabes Si estás en un infierno, Pero el olor a polvo De ruedas, pies desnudos, Pezuñas y pedales Es terroso y terreno. Y el flujo inagotable, De embarrancado río De gentes y animales Sacrílego, en las calles Del elegido puerto Y Útero, de la muerte. Bajo nubes de incienso Llama el fuego a los muertos Engalanados y dispuestos Hacia el altar, lugar de inicio Que no cambia. No hay luto en esta noche Candente de sus carnes Crepitando en el viento. En la quietud del cielo Desnudo que amanece, Devolverá el aire Al agua su principio. Navegará, Entre ceniza y lodo. Alboreará, El mundo liberado Del perpetuo regreso Bajo el manto de estrellas De Nevsehir, Te transportó la nota dilatada Del cantor de un alminar. Y en esa noche que tú ya conocías A oscuras y vestida de un silencio remoto Te embarcaste, como en sueño hacia aquel fondo, Donde se refugiaron Titanes Que fueron desterrados del mar a las tinieblas. Prisión de siglos, gestación de gigantes Y nacimiento del que fuiste testigo. Y en esa convulsión de fuego y fuerza De la boca materna incandescente Densa leche que fue manando por la tierra, Formando así las rocas habitables: Chimeneas del viento, subterráneos Refugios indomables, nostalgias De otros tiempos, caricias femeninas De las dunas jugando alrededor De erectas piedras, bajo el ardiente sol De CAPADOCIA