CIUDAD INMOBILIARIA

las arcas de la ciudad galopan con jinetes
de alta costura en edificios,

la arquitectura emerge de parcelas de tierra,
que tocadas por manos
semejantes a Midas en oro se convierten,
y florecen y suben lo innombrable,
enredaderas que degeneradas, medran
no se sabe hasta donde

los pecados, se comprende, en qué familia de la polis
no hayan existido, tú me das este informe
y yo inmolo lo que sea a la cresta dorada del billete,
es un misterio dicen los ciudadanos, de qué pozo
algunos propietarios succionan el montante
de tanto rascacielos, que al poco vuelve a estar
con el cartel en venta, encima de las nubes,
parece la lechera de los huevos de oro,

y a unas nubes más bajas
y gracias a los suaves intereses
pueden optar algunos a comprar su pisito,
ése que en alquiler vampirizaba
el medio sueldo y pellizco del otro

y ahora que por fin estreno piso
después del iva, el ave, gastos hipotecarios
y penalizaciones,
un pisito tranquilo, un diminuto bosque
de macetas, cobijo y aislamiento de atascos
y frenazos, atracos y sirenas,
y neones de pubs y de dudosos clubes,
me encuentro cada día almorzando a mis vecinos
que comen mi plato preferido,
que entran como si nada, en la habitación
donde yo duermo, tiran de mi inodoro,
vacían mi cisterna
y hasta me roban un trozo de mi lecho,

quizás los nuevos arquitectos en armonía
con los modernos constructores y los que
finalmente ponen esos interminables ceros
y los que redoblan, siempre a la derecha,
han tenido un rasgo de generosa humanidad:
erradicar la soledad de estas paredes,

y ya que en la costura los modistos, monstruos
del más reconocido ingenio
exhiben como principio y colofón de su arte
las claras transparencias

es lógico que esa característica tan diáfana
se extienda también a nuestros edificios