DESDE EL PUENTE DE BROOKLYN
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie Federico García LorcaEl muchacho atisba Desafiante belleza Tiene los ojos negros Con ojeras y vagones Veloces que reflejan El rostro del planeta El metro de Nueva York Es un árbol enterrado De sangre que alimenta Un cuerpo esplendoroso El metro de Nueva York Digiere solitario El peso de la noche Los párpados vencidos Y al salir a la luz, Rota la sombra en la retina Por ese interminable y vasto Haz de eléctrica energía La ciudad que no duerme Y no sueña, se mira a sí Ante el mundo