EL TEMPLO
Esos gigantes órganos de luz Policromados en sus redondas cúspides, Atalayas del viento, Pregoneras a los azules mares y a los cielos De un himno inacabado, eterno...... Qué pequeños los ojos desde abajo Al notar las miradas desde el ábside A lo ancho, a lo largo y a lo alto, Y más allá Qué mimbrear de alas el espacio, Adentro, Junto al iris, de la retina crecen formas Que se bifurcan, multiplican En ascendente danza helicoidal, A partir de ese número sagrado, Que tiene como perfil el rostro De los ángeles. Pero la luz que entre el ramaje filtra Una armonía blanca de silencio, Aleja cualquier mítico temor En este bosque pétreo De torsos comunales. Afuera, Cubriendo las paredes en temario De la gruta sagrada hacia el naciente, Los símbolos se afanan en ocupar su espacio, Fijar sus movimientos en el número exacto Del tiempo Por el que se revelan. Espumas suavemente rizadas en la piedra, Tomadas de las crestas de alguna ola en furia Algodonan y mullen las bíblicas imágenes, Mientras gárgolas reptan entre hierbas y adelfas, Y hojas serpenteantes acogen el posar del vuelo de las aves. Crustáceos, mamíferos, flora y fauna De tierras y de mares en plena floración, Y la piedra candente que fluye como lava, Y la mano del genio que al punto la detiene, Estalactitas-lágrimas de sauces encantados Nos llevan al poniente, escenario De la incruenta pasión: Piedras atravesadas por rostros atrapados En rectas y rectángulos De un remoto dolor. Microcosmos. Ópera Cósmica. Gran montaña erigida por la mano del hombre. Sacrificio a la búsqueda del absoluto amor En el profano asfalto De la ciudad de los mil nombres y entre los muchos, LAYE