NO CALLARÉ SUS NOMBRES
No callaré las nieves ni los mares, Ni los aludes ni las tempestades, Ni edificios de nácar, ni ruinas enterradas, Ni ciudades ahogadas en el yeso, Ni el limo de olvidados valles, Ni adormecido asfalto de alquitrán. No oprimiré palabras, que como el pan De cada día muestran sus ojos claros, Péndulos de las horas, ánforas de la luz, Que extraerán la sal a aquellos nombres Yacientes, mientras se gestan otros En húmedo arenal, Y serán como aves atravesando el tiempo, Penetrando la noche y el silencio De tejados de rojos y azabaches, De piedras como vientres, De un mundo de columnas y símbolos Del ciclo de los dioses durmientes, Que al despertar de sus hermosos sueños Nos arrojan a las cenizas de un antiguo hogar, A los veloces trenes que se pierden Y a los que anuncian paradas y destinos, A los deslumbradores edificios Que apagan la sed de los ahogados, A templos profanados por sus predicadores, A escaparates hipnotizadores, A amantes que caminando se recobran, A la memoria que soy y que se engarza, Y es capaz de pensarme y pronunciarse, A la muchacha de rostro intermitente Que busca esa felicidad sensual De las revistas, de un presente De calles y de esquinas De los días de un libro, que parece real e inverosímil. Pero aunque labradores del asfalto, Abran con sus arados las palabras Desandadas, compuestas, quizás transfiguradas En cuerpos que han sido producto De las llamas, y vagan como espectros Esperando que alguien en el espejo Les dé nuevos perfiles No callaré sus nombres Ni dejaré de explorar Sus nacimientos A través de viajes Limitados e imperfectos Que han de volver al recomienzo, Con miradas de vidrieras góticas, Y ojos transparentados en cristales De buhardillas antiguas, y en historias