Bs. As. II
Mientras la brasa consume el resto de la noche
la mente imagina la cinta de humo
que la penumbra oculta a los ojos,
una araña metálica de cuatro patas
espera algo, agazapada sobre el techo.
La sirena enloquecida quiebra
el silencio empedrado de la pieza.
En la cama de al lado
no hay un solo ruido.
Me levanto, prendo otro cigarrillo
y me asomo a la ventana,
busco algo de compañía
en algún rostro desconocido.
Solo techos sucios, cajones de sombra
oscuras paredes habitadas por gusanos negros.