El encendedor
—Vos tenés mi encendedor— le grito
—sí— contesta desde la ducha
impaciente me quedo esperando
al salir, pasa a mi lado sin decir palabra
—¿y?, mi encendedor, estoy esperando—
—yo que sé de tu encendedor—
—pero si vos me dijiste que lo tenías—
—¿yo?, yo tengo el mío—
—pero será posible, siempre lo mismo, donde está mi encendedor?—
—y yo que tengo que ver, porque debo saber...—
y empieza otra terrible discusión
por cosas tan trascendentes como
la vida, el odio, la muerte y el encendedor.
Al rato prendo un cigarrillo y pienso:
sé que me estoy excediendo
pero no puedo contenerme, me excedo
ese es mi límite.