El perro de al ladoHace tiempo que el perro no ladra paso atento esperando sus amenazas y nada, no aparece entre las sombras gritando su signo en esta tierra. Nunca supe quienes vivían al lado pero siempre me confortó ese vecino que ladraba, su atención en mí me recomponía en el mundo me asignaba un cuerpo entre la viscosidad reinante. Ese perro innombrado hasta me escarbaba dudosas sensaciones: el pánico a reconocerme en la inmediatez de una calle.