El perro de al lado
Hace tiempo que el perro no ladra
paso atento esperando sus amenazas
y nada,
no aparece entre las sombras
gritando su signo en esta tierra.
Nunca supe quienes vivían al lado
pero siempre me confortó ese vecino que ladraba,
su atención en mí
me recomponía en el mundo
me asignaba un cuerpo entre la viscosidad reinante.
Ese perro innombrado
hasta me escarbaba dudosas sensaciones:
el pánico a reconocerme
en la inmediatez de una calle.