Orgía
Descorro con cuidado las frazadas
como si destapara la olla
buscando la tibieza que resta
de sus cenas de soledad.
Suavemente me deslizo en la cama
para no romper los sueños
que provocan esa sonrisa en su rostro.
Toco su pierna con mi mano y la alejo rápidamente
inmóvil quedo mirando la oscuridad del techo.
El traqueteo del reloj
agujerea el silencio empedrado que rodea
este fugaz encuentro amoroso.
Un momento después, ya sin conciencia
levemente me duermo.
Ahora su cuerpo es una orgía de íntimas danzas
es una dulce marea de jugos compartidos.