Perros y ratas
La noche acaricia el lomo de los perros
que se encorvan molestos entre la basura.
Una rata roe con insistencia un tronco mugroso
que flota en el charco de la esquina.
La calle está desolada.
Cuando abro la puerta, tambaleándome
el reloj de la pared murmura las cinco de la madrugada.
Como de costumbre, caminaré por la casa
como un ladrón nocturno,
y cuando entre a la pieza
ella seguirá con los ojos cerrados
aunque recién entonces, se dormirá sin dolor.