Supongamos
Supongamos que vos te llamás Laura y yo Juan,
supongamos también que yo te amo con locura
y vos a mí aún más,
supongamos entonces que esta cerveza
está realmente helada,
que apagamos el televisor
y nos vamos a la cama
a hacer el amor enloquecidos
como dos jinetes alados cabalgando el infinito.
Así como volábamos nosotros dos
hace apenas dos años.