Teléfono
Ayer instalaron el teléfono.
Ella sufrió por la falta de tono
y después por esa dudosa instalación.
Sucede que un teléfono/ por más sofisticado
y digital que sea, no es precisamente un teléfono
hasta que no emite su grito telefónico.
Y ella sufría.
Le dije que se calmara
que no esperara un milagro sonando en el comedor
—Dios no se revela a nosotros, pobres mortales
a través de un mísero teléfono—
pero ella miraba televisión sin escuchar
esperaba la campanilla, imaginaba su sonido
y sufría.
Hoy decidí apiadarme de su esperanza virginal.
Cuando escuchó mi voz del otro lado de la línea
su decepción fue tan grande
como aquella primera vez.