Ceñida, intensamente significativa, la poesía de Estela Kallay descubre un fondo de meditación: se diría que asciende desde esa hondura siempre cambiante de los contenidos, de los enigmas de la subjetividad. Y lo hace valiéndose de un lenguaje lírico que da a las concisas aseveraciones una atmósfera de permanente belleza.

Estela Kallay se aventura en "la luminosa oscuridad", atraviesa "el párpado de arena", siempre en su necesidad de ir desentrañando lo medular, valida de una espléndida elección del vocablo. Hay en "Llaves del oculto caos" una perfecta correspondencias entre lo esencial del contenido y el lenguaje, gracias al hallazgo de una infrecuente precisión que otorga a cada una de las expresiones poéticas la inmutabilidad de las definiciones.

Esta joven poeta ordena el caos en el que la creación literaria encuentra su riqueza, y lo hace sabiamente, en una suerte de incendio de su subjetividad que vuelve luminosos cada uno de sus versos.

María Granata