El último sueño de Borges
a Jorge Luis Borges
De modo que persisto entre estas rejas infinitas y ásperas.
Largos dedos de brujas juegan con mis cabellos y deshacen
mi piel en las paredes.
Ahora estoy mutándome en camino,
                             quemándome en mis brasas,
abriéndome a un silencio dulce como el olvido.
Me envuelvo en él y escalo los muros en anillos
reciclando otro sol, otros umbrales,
                                al borde de esos mundos circulares
para el artilugio del salto hacia la puerta séptima.
Ella me aguarda, en silencio también, resplandeciente como
el ángel suspendido en mi hombro cuando sueño.
Mi voz de arena y viento no puede aún
                               rasgar sus leves bastidores
ni asomarse a la sala traslúcida
en cuyos frisos cada edad sella su sílaba de oro.
Los sabios las unen sigilosos
                                en la nomenclatura final del universo.
Quien entienda los signos se beberá de un sorbo
el sagrado aguamiel del absoluto.
Tras esa puerta duerme mi antiguo cisne blanco.