Interiores
a Woody Allen
El hechicero de Manhattan-, con su cámara seductora,
tomó un primer plano del alma. Mis ojos se hundían
en el monólogo en blanco y negro -como la vida-
en la música yankee por las calles de Central Park
en cierta ácida ternura de desencuentros
soledades
y moradas casi desiertas.