ACREEDORES
Son malos tiempos.
Falta la convicción, lo que hace
imperioso el reconocimiento,
el alivio, la descarga;
la cachafaz frontera
que disgrega el universo
en multitudes efímeras
que se encienden y apagan
según pautas que, bien vistas,
son increíbles: los meses,
los acontecimientos.

Es triste poder tan sólo
exigir o renunciar: la tierra
hace mil cosas más; ¿hablar
o conversar? Eso es parecido
a matar o gestar, como en el monte
se practica, con la indiferencia
siempre avizora de la comadreja
overa, con remotos
deberes.

Vos podrías concebir, acaso
liberarte del cumplir, del ser
cumplido? Sin renunciar, sin
perder interés, como un padre
que ya no puede castigar? Proponer
esta contratación, más parecida
a una química que a tus
torpes proyectos, donde solías soñar
subordinar la voluntad de los hermanos?

Mirá la lluvia lo que ofrece.
Sus catálogos de alma. Sus
opciones de aguas. Destruir
sin destruir, hace negocio
tomando lo que da, bailando,
¿qué vas a reclamar? ¿Pasos,
giros? ¿Vas a reclamar
y perderte el baile?

Tu arreglo posible, y no poder
decirlo. Una lluvia te invocará
como a una lluvia,
serás precisado.