COMENTARIO
No llega el poema bueno. A esta altura
ya debería haber llegado. Nunca llega.
No hay poemas buenos. Es una cosa
que yo no puedo decir, pero no hay
poemas buenos. Son todos malos.
Un deseo no puede satisfacerse con un poema, es algo
sabido. Cuando un poema
gusta es porque
el lector se está gustando
en el poema. Pero éstos,
¿a quién van a gustar? Acá
parece
que el autor quiso hacer un fresco
un oratorio con el tema
de la corrupción, la falta
de fe, los muertos
del país; las imágenes
de Nueva York están
simplemente “pegadas’’,
no tienen densidad, lo único
interesante es su crueldad, pero
ella -sin ser tampoco
muy notable- es de
mal gusto. En definitiva,
se ve que ha viajado y quiere
mostrarlo.
Esto recuerda demasiado a Dalton,
qué digo, a Eliot; ya estamos
cansados de este discurso
concientizante, queremos
la ternura aristocrática del siglo
XVI, su gratuidad, rimas,
citas; las alusiones aquí
son demasiado turísticas,
no hay arte de narrar,
tampoco
condensación
distribución
ni nada, no,
no, no.

‘’¿Y?’’ Todo es y, en éstos, 
tienen, 
un propósito, eso
es inaguantable, es trascendente,
en vez
de ser contraseña, núcleo, intercambio de pautas
conocidas, que no lo parezcan.

Un poema debe hablarle a los amigos
si es del Interior;
y a los futuros editores de las futuras
novelas del autor, si es
de la Capital. Esto no va 
con ninguna de ambas
posibil.

Este libro debió ser más
enigmático, más breve, menos
vacilante. Este libro
sólo dará
de comer
al Imprentero.