EL OTOÑO HITITA
En las colinas los delicados amarillos bailan.
Y los ocres, pegados a las ramas.
Este lugar, escenario tan viejo;
ya no se sabe
si es la naturaleza lo que vemos
o un jardín, plantado hace mil años,
tres mil años.

Pero sí fue un jardín: a él llegaron
las fraternales hordas; el saqueo
daba trabajo a todos. La riqueza
se acumula para que los pobres
sean felices robándola.

¡Qué lenguajes surgieron! Impregnados
de modismos vulgares (los futuros
giros cultos), loando las felices
posibilidades, la inexperiencia
con ese mundo desconocido.

Y los viejos sonrieron, mirando
el esfuerzo de los jóvenes: ¡estas
tierras! ¿Dónde estaban? Por suerte,
aparecieron en la lejanía,
brumosas, pero se hicieron
reales, y nos dieron de comer.
"Ahora sí" se dijeron, y tranquilos
se recostaron en los árboles
plantados tal vez  por alguien
hace muchísimo tiempo.