ESPAÑOLES EN ASIA
He pedido mi sis kebab en turco
en el boliche, y me siento ciudadano
ya del mundo, pero en este momento
justo ocurre que entran

los españoles, ocupan una mesa
cotorreando como pelícanos, hacen
ruido con las sillas y las mujeres
se abalanzan a los mostradores
para señalar la comida, ya que
no pueden decir que desean
este plato, este otro plato; "y eso,
qué será eso? parecen natillas."

Los miro y me deprimo. ¿Cómo
podría leerles mis poemas? Jamás
los entenderían. Mi chamuyo
es para ellos como una
lengua del Asia central. Y tienen
las editoriales, los críticos; yo sólo
soy un bárbaro. Y no es posible
soñar con una lengua común. Pasó
el tiempo, ya, y todo es muy
distinto. Una lengua, de por sí,
ya es una quimera, y parece
que ya no queda bien buscarlas,
ni volar en ellas, no? Rubén
Darío llora sobre un diario
que habla del Galatasaray. Yo,
termino mi comida en silencio.

No podemos robarlos, sólo
deformar lo que dicen, cambiarles
los sentidos ("Natillas", bah).
Pago. Me levanto. Paso
al lado de su mesa. Les digo:
"buen provecho".

"Gracias" me contestan.