FIN DE SIGLOYo era un niño mimado. Egoísta. Sólo me importaba el reconocimiento de los poderosos (la maestra). Para ello, hacía quedar mal a mis compañeros. A cachetazos, la vida me ayudó. Fui descubriendo el placer de intentar comprender a los demás, antes de que me odiaran. Ayudé. Me ayudaron. Tuve hijos y, como todos, me sacrifiqué por ellos. Ahora que aprendí a ser solidario, viene el mundo y se llena de hijos de puta.