FORMAS DE VIDA
Mato a Nancy
pero no me quedo
bajo las escaleras
del Chelsea Hotel
y en la calle
Veintitrés,
el olor a humo
de la ciudad
me recuerda las rucas. Yo soy
vivo. Tomo
un expresso, camino
vuelvo al kiosko
de Union Square, y antes
de llegar a subir al subway
me meto en la cripta
de María Auxiliadora.
Antes me llevo mi nombre
incierto de funcionario
para lograr mi impunidad.
(Un trámite indispensable).
Mis muertos, los nombrados
en la mesa de tortura,
se quedaron en los bancos
de la plaza ésa.
Los tuve que dejar.
Si vos lo hiciste,
nosotros también
dirían.
Y yo ya he terminado
con esas cosas:
ya me fui, como está mal
matar, no lo hago más.
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