GLOSA
No sé qué tienen las flores
cuando al atardecer me impregnan
de lo que son, y yo creo
haberles infundido
mis afecciones, sí, las flores
del camposanto, que, en realidad,
crecieron donde quisieron
ellas, porque lo del lugar
es cosa nuestra, que  las vemos
cuando las mueve el viento
y lo que nos parece,
sin embargo, es verdad,
y no imaginación de los autores
populares: que parece
que están llorando.