LA CIUDAD DE LOS POBRES
¿Cuándo seremos pobres, Maximiliano?
¿Cuándo llegaremos a merecer
ese carácter, que a la vida nos lanza
con entusiasmo? ¿Y por qué
esperar, bien pensado
desde afuera la señal, por qué
no atrevernos a regalar las riquezas
sin quedar anegados en el miedo
del acto? ¿Y así unirnos
a las masas incontables que circulan
por Times Sq. protestando
por lo que pasa
en el mundo?
¿Por qué no regalar a los hijos
nuestra pobreza, nuestra
incomprensión, no buscamos
acaso en nuestros padres
ese agujero, y no hubiera sido
el mejor regalo encontrarlo?
Pero entonces estaríamos allá
y no aquí. Y aquí soñamos con algo
que no tenemos. Como allá: refugios
madrigueras, juegos
de espacios y de tiempos,
donde no existe cada cosa más
que como símbolo de su atrás:
interiores y centros
de manzana secretos.
Si te tiraran de los pies, muerto,
volverías a los patios y tapias
adónde fuiste pobre sin temor:
los inviernos felices
las tormentas de tierra fértil
la incomunicación del estupor
por nacer y morir.
|