LIRA DE CINCUENTA AÑOS
El mundo se ha vuelto demasiado
ancho, para guardar mi inútil
corazón, demasiado vigoroso
para una causa sin destino:

entre los torpes refinamientos
que tientan a los nuevos ricos,
vaga él, como un desesperado
sabueso en un departamento;

llenando la soledad con el ruido
de sus uñas nacidas para la tierra,
que en el parquet desgranan un golpeteo
ridículo como su jadear ansioso.

La caza que olfatea está en algún lugar
de la global aldea, pero cómo
salir de la prisión de su angustia
a recorrer los campos juveniles

donde era lícito que anduviera corriendo:
ha conocido, ha envejecido, tendría
que echarse al sol que penetra por los vidrios,
y no lo hace. Por un pobre paseo

de la traílla, permite que, loco,
lo encuentren los que tienen el poder
de juzgar lo que hace. Corazón,
es mejor abatirse.